3 “VIRUS” MENTALES QUE TENÉS QUE DISOLVER PARA VIVIR EN PAZ

soltar virus mentales si queremos vivir en paz
Hay un propósito que podríamos llamarlo colectivo, que todos los seres humanos tenemos a raíz de experimentar esta vida en este plano material. Éste propósito es la paz. Hasta incluso podría decir que realmente no es un propósito, sino que precisamente es innato en nosotros, solo que nos hemos olvidado de ello.

Éste olvido se lleva a cabo por una causa mental y que muy difícil se nos hace reconocerlo, en contra parte, por el simple hecho de creer que la causa es externa a nosotros. Acá podemos dar ejemplos, creer que la paz, la tranquilidad o la felicidad (estos sentimientos y emociones están intrínsecamente unidas) está ligada a objetivos tales como un sueldo mejor pagado, una relación amorosa, la apariencia física, la situación en el país, que mi hijo sea la persona que yo deseo que sea, el clima, el tiempo, el auto, una partida en un juego ganada, el equipo favorito siendo campeón, etc.

Comprendamos que llevar una vida creyendo que nuestra paz, tranquilidad, y felicidad dependa de situaciones externas, en lo único realmente en lo que nos estamos enfocando es en las expectativas. Las expectativas son fruto de considerar que la vida misma sea como yo quiero que sea – que las situaciones se den en un orden determinado, en ese lugar específico que es conveniente para y que no haya ninguna clase de obstáculos o acontecimientos perturbadores -. Es decir, no aceptar que la vida sea tal cual es.

Las personas se limitan a suponer y especular cómo tiene que presentarse las circunstancias de su vida para que ésta no afecte a su bienestar. Se enfocan en lo que debería pasar tomando como referencia experiencias pasadas y así creyendo que de esa forma no cometerían los mismos errores. No se dan cuenta que de esa forma terminan por experimentar las mismas situaciones y las cuales resuelven de la misma manera. Para su sorpresa, es cuando experimentan una sensación de predicción frente a la situación no deseada, y se limitan a expresar lingüística o mentalmente “sabía que esto iba a suceder”.

Si esta introducción te resonó al menos un poco y sos una persona que desea reconocer que la paz, el bienestar depende de uno mismo y no de situaciones o personas externas, te voy a mencionar 3 comportamientos para que tomes consciencia que son la causa del olvido de que la paz, tu felicidad está en vos. Allá vamos.

Las justificaciones

A menudo, nos justificamos cuando al mantener una conversación con alguien, nuestro discurso versa, sobre todo, en dar motivos o explicaciones de por qué hacemos o no hacemos las cosas. Esos motivos o explicaciones, pretenden aclarar nuestras intenciones o razones, sin embargo, se convierten en justificaciones o excusas, cuando están de más, es decir, cuando no harían falta, ya que al interlocutor, probablemente, no le interesan.

Incluso, en ocasiones, las emitimos para quedarnos más tranquilos, ya que nos preocupamos por lo que podrán pensar sobre nosotros. Nuestro miedo a dar una mala imagen, nos lleva en un gran número de ocasiones a dar explicaciones innecesarias. Mantener una buena apariencia se convierte en una tarea tan importante que buscar justificaciones y excusas para quedar bien se convierte en todo un reto.

 

Para agregar, muchas veces estas justificaciones y/o excusas se convierten en diálogos internos que nos hacemos para no tomar acción con respecto a una situación.

¿En qué se diferencian las justificaciones de las excusas?

Nos justificamos cuando hacemos algo y damos demasiadas explicaciones. Mientras que utilizamos las excusas cuando no hemos hecho algo y queremos disculpar nuestra falta de acción. Pero, ¿por qué lo hacemos?

Normalmente, utilizamos las justificaciones o excusas cuando queremos mostrar seguridad, o queremos dar una buena imagen de nosotros mismos. Sin embargo, sin darnos cuenta, estamos mostrando nuestra inseguridad, buscando en los demás su agrado o su aprobación.

En ese momento, la duda, la incertidumbre de qué pensarán y la inseguridad nos hacen olvidar que somos libres de tomar nuestras propias decisiones, agraden o no a los demás. Sin embargo, decidimos maquillarlas o transformarlas en relación al criterio que creemos tienen los demás.

¿Cómo dejar de hacerlo?

Para dejar de justificarnos por lo que hacemos o de excusarnos por lo que no hemos hecho, es importante, en primer lugar, tomar la decisión con seguridad. También podemos repasar cuáles son los motivos de la decisión, sintiéndonos con la certeza de tener la libertad de tomar nuestras propias decisiones, aún a riesgo de equivocarnos.

Es decir, siendo auténticos, siendo nosotros mismos, muy a pesar de los demás. Sintiéndonos con total libertad de ser lo que somos y reconocer nuestras opiniones y decisiones. Cada uno de nosotros tenemos nuestro criterio sobre ciertos aspectos de la vida. De este modo, mientras no atentemos contra nadie, tenemos “libre albedrío” de actuar sin dar explicaciones.

¿Cómo exponer mis motivos sin que sean justificaciones y excusas?

En muchas ocasiones, ante la comunicación de una decisión tomada, es necesario y conveniente exponer los motivos de tu postura. En éste caso, expresar porqué has tomado la decisión, no tiene que ser una justificación ni una excusa, para ello tenés que tener en cuenta:

¿Por qué justificamos o excusamos a otros?

Justificar o excusar a otros es algo que hacemos con frecuencia cuando queremos seguir manteniendo la imagen que tenemos de la otra persona. O bien, queremos conseguir que una tercera persona mantenga una imagen concreta de la persona a la que justificamos.

En ocasiones, buscamos mantener la imagen de una persona, aunque sus comportamientos no coincidan, porque la necesitamos o dependemos de ella física o emocionalmente. Y, ¿qué consecuencias tiene el hecho de justificar o excusar a los demás?

La principal consecuencia de justificar o excusar a alguien, es que nunca tendremos la imagen real de quien es la otra persona. Al justificarla o excusarla, seguimos manteniendo la imagen de quien queremos que sea, sin descubrir el tipo de persona que realmente es.

Y esto, nos llevará a sufrir porque quien queremos que sea, no es quien es realmente, por lo que la decepción y el daño físico, psicológico o emocional, es inevitable, aunque la justifiquemos o excusemos, el sufrimiento está garantizado.

¿Cómo dejar de justificar o excusar a otros?

Para dejar de justificar o excusar a otras personas, en primer lugar, tenemos que aprender a dejar de hacerlo con nosotros mismos, con lo que ello significa para nuestra autoestima. Esto hará que nos sintamos más seguros y satisfechos con nosotros mismos. A raíz de esto, aprenderemos a conocer a las personas por sus hechos, actitudes y comportamientos, y no tanto, por lo que dicen o por lo que necesitamos creer de ellas.

Las quejas

Para empezar, la queja tiene la función de no resolver nada. Sí, puede servir para desahogarnos en un momento puntual; pero si la queja se hace constante, no sirve absolutamente para nada. Podes quejarte todo lo que quieras de cualquier situación; que cuando te hayas cansado de quejarte, la situación seguirá siendo la misma.

Si tu actitud es la de la queja constante, crearás una especie de filtro; a través del cual sólo verás la parte más negativa de las cosas, y dejarás de ver la parte más favorable. Puede que lo bueno de una situación sea mucho mayor que lo malo, pero, si lo que querés es quejarte de algo, sin ninguna duda, siempre encontrarás de qué hacerlo.

Un buen ejemplo de esto, son esas personas a las que, si después de quejarse de algo, le recordas la parte buena. Ellos se limitan a contestar: “Si, pero…”.

Por otra parte, una persona que se queja por todo, en el fondo, lo que está haciendo es culpabilizando a otras personas o a las circunstancias, las que sean, de lo que ocurre. Esto hace que, por una parte, ellas se quiten de encima cualquier responsabilidad; y por la otra, que asuman un rol de víctimas.

Por lo tanto, La queja es un discurso interno (lo que nos decimos a nosotros mismos) o externo (lo que les contamos a otros), que se trasmite con la intención de expresar, aliviar un malestar, dolor, sufrimiento o con la intención de criticar algo o a alguien.

Expresar es bueno, pero diferenciemos entre:

  • Quejas funcionales o justificadas, que nos ayuda a recibir atención y apoyo cuando es necesario, y a detectar lo que no está bien para poner en marcha soluciones. Por ejemplo, cuando expresamos un dolor de estomago.
  • Quejas disfuncionales, las que nos cargan de energía negativa, nos alejan de la búsqueda de soluciones y producen malestar y estrés entre las personas que te rodean. Por ejemplo, un embotellamiento camino al trabajo.

¿Por qué nos quejamos?

Conozcamos por qué se produce este comportamiento. Hay diferentes motivos:

  • Porque lo hemos aprendido. Lo hemos escuchado desde pequeños de los padres o de algún familiar o de otras personas. Y sin darnos cuenta continuamos con ello toda la vida.
  • Por experiencias pasadas. En algún momento de nuestra vida, descubrimos que quejarnos nos generaba una intención positiva frente a nuestros familiares, amigos, compañeros, etc. Como puede ser sentimientos de seguridad y pertenencia.
  • Por hábito. No sabemos cómo empezó pero forma parte de nuestra manera de ser y relacionarnos.
  • Por tener un tema del que hablar. En ocasiones es el camino fácil, que atrae la atención de otros y lo seguimos utilizando. El rol de «amargado» a veces parece interesante (ya veremos que no). También puede que no sintamos que podemos hablar de otras cosas.
  • Porque tendemos a ser pesimistas. Nos centramos en los aspectos negativos, fijándonos en lo que funciona mal o hacen mal otros o nosotros mismos, en vez de aquello que sí funciona o en lo que hacen bien.
  • Porque somos perfeccionistas y exigentes. Esta tendencia y también tener expectativas elevadas sobre el funcionamiento o comportamiento de los otros hace que nuestra forma de medir sea más exigente.
  • Por falta de empatía. La empatía es la capacidad de ponerse uno en el lugar del otro y cuando no lo hacemos, no entendemos al otro y nos quejamos de lo que siente, piensa, hace o le ocurre.
  • Porque nos contagiamos de otros «quejosos». Cuando nuestra autoestima está por los suelos creemos que la queja es contagiosa como el bostezo, predispone a los demás a quejarse, y la conversación se convierte en un intercambio de quejas.

Por eso ahora te pregunto:

¿Encontrás en la queja algún sentido?, ¿Suelen cambiar las situaciones ante las quejas injustificadas o “vacías”? Y entonces… ¿Para qué quejarse? Pues si no te sirven, vamos a reflexionar sobre las consecuencias que tiene el hacerlo y quizá te convencerás un poco más para que decidas dejarlas…

Consecuencias negativas de la queja.

Cuando nos quejamos tenemos consecuencias negativas de las que en ocasiones no somos conscientes:

  • Favorecemos un estado de ánimo negativo. Cuando esto sucede, es más probable que interpretemos lo que nos pasa también de forma más negativa.
  • Creamos un mal ambiente entre nuestros amigos, compañeros, pareja, conocidos o familiares.
  • Los que nos rodean se cansan de nosotros, nos evitan, porque no somos buena compañía, –es cierto que a nadie le gusta estar junto a un «amargado»–. Tendrán menos ganas de estar con nosotros. ¿Vos elegirías tomar un café con alguien que no sonríe y que se queja de todo?
  • Nos hace pasivos porque mientras nos quejamos no resolvemos.
  • No aprendemos nuevas formas de abordar los problemas.
  • La queja produce estrés en vos mismo. Y recordá que el estrés afecta a nuestra salud.

La queja proyecta una larga sombra sobre vos y sobre los demás, no te deja ser feliz, te hace sentir amargado y desanimado.

Maximiliano Molinas

Beneficios que aporta. Cómo dejar de quejarse puede beneficiarnos.

Dejar de quejarnos, empezar a comunicarnos de otra manera, nos aporta muchas ventajas:

  • Favorecemos un estado de ánimo más adecuado y más salud.
  • Estamos activos, en disposición de resolver las dificultades habituales en nuestro trabajo y nuestra vida.
  • La familia, amigos o compañeros de trabajo, disfrutarán más con nuestra compañía.
  • Disminuimos la aparición de emociones negativas tales como celos, envidia, malestar, nerviosismo o tristeza.
  • Favorece que aceptemos y entendamos lo que tenemos que cambiar ya que en vez de quejarnos, podemos buscar soluciones.
  • Fomenta que nos responsabilicemos de las cosas que decimos o hacemos, en vez de culpabilizar a los demás
  • Aumentamos la emoción de felicidad y sentirnos dichosos por la vida.

Las claves en cómo dejar de quejarse.

  • Identifica si te quejas y porqué o para qué lo haces.
  • Para detectar si es o no una queja, fíjate en el tono en el que hablas. Cuando informamos o contamos qué nos pasa hablamos normal, y cuando nos quejamos el tono de voz es más apagado, triste, crítico, con rabia o enfado, etc.
  • Detecta sobre qué temas te quejas (tareas casa, salud, los demás, tú trabajo, haciendo críticas a los demás…).
  • Se breve en las quejas y extiéndete en hablar y comunicar aspectos neutros o positivos, por ejemplo, hablando de noticias de actualidad, el tiempo, vacaciones, viajes, libros, comidas, compras…
  • Aprende o mejora la forma de hablar. Entrena habilidades sociales y de comunicación para expresar de forma adecuada los aspectos negativos de tu vida pero sin que se conviertan en una queja continúa.
  • Expresa pero no te quejes.

En resumen, somos libres de expresarnos como deseamos, pero si lo que deseamos a su vez es vivir en paz, tranquilos y felices, toma en cuenta que desde la queja esto es imposible.

La culpa

En mi profesión como acompañante terapéutico en Biodescodificación, me he encontrado con frecuencia (es lo habitual) personas que, con diferentes perfiles, caracteres, dificultades y contextos, coinciden en verse afectadas por un sentimiento que les produce un gran malestar y afecta a sus decisiones, relaciones y experiencias. Es un sentimiento que actúa a diferentes niveles y en el que influyen la educación más temprana en la familia, los estereotipos sociales y los propios aspectos psicológicos de la persona. Estoy hablando del sentimiento de culpa.

 

Si bien, la propuesta que estoy haciendo es despojarse de la culpabilidad, no queda excluido trabajar a su vez con el sentimiento de culpa. Porque hay un mecanismo que realiza nuestra mente condicionada el cual no somos conscientes.

 

Voy a familiarizarlos al término que se utiliza en Biodescodificación, con respecto a la “mente condicionada”, a la cual llamamos ego. Cabe aclarar que, aún así, a pesar de otorgarle una definición, lo que se trata en realidad es no darle una identidad a esta parte de la mente.

Cuando hablamos del sentimiento de culpa desde la Biodescodificación, tenemos que hablar de otros términos y conceptos muy próximos: autoestima, perfeccionismo, falta de autoconfianza, autocensura, miedo, regulación emocional…; en efecto, la culpa está incorporada a muchas de nuestras dificultades emocionales, y en muchas ocasiones, no es fácil identificar si es el origen o la consecuencia (en muchas ocasiones ambas).

 

El sentimiento de culpa está, en general, acompañado de emociones displacenteras como tristeza, angustia, frustración, impotencia o remordimiento, entre otras, y de pensamientos reiterativos e improductivos; y funciona de un modo diferente según su origen temporal. Así, podemos sentir culpa por:

La culpabilidad es un mecanismo en el que, a partir de un acto u omisión, realizamos un “juicio” de nuestra conducta (incluso de nuestros pensamientos) y “dictaminamos” que hemos cometido un error y deberíamos tener un castigo. Es decir, pensar que estoy haciendo o siendo de una forma pero debería estar haciendo otra y siendo distinto a como soy ahora. Es olvidar que sigo siendo inocente y completo.

 

En el proceso de la culpa influye lo que se conoce como las creencias – un conjunto de normas y valores que hemos construido desde la infancia, para diferenciar el “bien del mal”, y que nos permite establecer los límites, a nuestra conducta y a nuestros pensamientos, como también las que utilizamos para adaptarnos al mundo que percibimos .

 

Cuanto más rígidas sean esas creencias, más fácil será considerar que hemos sobrepasado los límites y aparecerá con más frecuencia el sentimiento de culpa.

 

Ahora que realizamos esta introducción a la culpabilidad y el sentimiento de culpa para interiorizarnos más en estos comportamientos. Vamos a comprender cómo funciona el mecanismo de la culpabilidad. Porque ésta es la causa inconsciente (en algunos casos) de la infelicidad, desasosiego y estrés en las personas.

 

Mencioné más arriba que la parte de la mente que nos hace creer en la culpabilidad es el ego. El ego es una creencia a la cual le damos valor. El ego no existe por sí solo, no es una identidad. Es un sistema de pensamiento que hemos construido basado en una “diminuta y alocada idea” como le dice Un Curso De Milagros de creer que estamos separados de nuestra fuente, el Amor. Esta idea de separación dio origen al cuerpo y al mundo. No voy a profundizar en este tema aún. Pero sí deseo que tenga en cuenta que en Biodescodificación utilizamos la filosofía y las enseñanzas del libro Un Curso De Milagros.

El mecanismo de culpabilidad

Cuando una persona, experimenta mucho dolor con respecto al sentimiento de culpa, y no tiene la capacidad de poder asumir lo que está experimentando, la mentalidad egoica le da una “solución”, proyectarlo afuera. Cuando proyectamos, cuando exteriorizamos nuestro sentimiento de culpa, conseguimos una falsa sensación de bienestar. Porque lo que hicimos es sacarnos la responsabilidad a la experiencia y se la otorgamos a otro – este puede ser una persona, el gobierno de turno, la enfermedad, etc -. A su vez, cuando se realiza este mecanismo lo que hacemos es ponernos automáticamente en el rol de víctima. O sea, se exterioriza que este sentimiento la está causando alguien externo a mí. En esta mentalidad se cree que hay un victimario y una víctima.

 

Quizá estas siendo consciente que de esta forma te manejaste en tu vida, y lo que hoy deseas es vivir en paz. Acá entra la Biodescodificación la cual te recuerda que ya sos totalmente completo e inocente, que hay una herramienta que puede ayudarte a disolver éste error, y que es tan simple y tan conocido, como muchas veces increíble. El perdón.

 

Perdonarte por el error de percepción, no lo supiste hacer de otra manera y eso está bien.

Los juicios que hacemos sobre nuestros actos y que provoca un sentimiento de culpa, son ideas, y no tienen por qué ser reales.

Maximiliano Molinas

Pondré algunos ejemplos para hacerlo más didáctico:

 

Tengo una pareja, comparto todo mi tiempo de ocio con ella, siempre estamos juntos y hacemos los planes de igual modo. Un día me planteo hacer planes individuales, salir con amigos sin mi pareja. Podrían aparecer sentimientos de culpa, y lo harán, si la interpretación que hago del hecho de salir sin mi pareja es: “Ya ha empezado la caída, antes no quería nunca salir sola (o solo)” “No soy una buena compañera (o compañero), no debería dejarlo abandonado (o abandonada)”, etc.

En este ejemplo, nuestra forma de interpretar la acción de salir sin nuestra pareja activará nuestro sentimiento de culpa: Interpretamos que salir sin nuestra pareja es un indicio de decadencia, o concluimos que si dejamos a nuestra pareja un día, la estamos “abandonando”.

¿Y qué pasa cuando no puedo asumir la responsabilidad del sentimiento de culpa que ésta situación me genera?

Ejemplo:

Cuando le echamos la culpa al gobierno de turno por mi situación económica. Cuando culpo a la enfermedad que me impidió ir a tal lugar. En síntesis, cuando hacemos responsables a otros por los que nos sucede.

Cómo afrontar el sentimiento de culpa: 8 consejos esenciales

En el sentimiento de culpa, es muy importante ser conscientes de que el protagonismo lo tenemos nosotros. Insisto en algo que se menciona mucho en distintas ramas de la consciencia: los pensamientos y los juicios son ideas, no son realidades.

El grado de flexibilidad y tolerancia hacia los errores que cometemos o podríamos cometer, nuestra capacidad de aceptación, nuestro grado de empatía, son factores que ajustan nuestras interpretaciones y valoraciones, y nos liberan de la culpa.

La clave es la responsabilidad frente al sentimiento de culpa. Eso significa responsabilizarnos de nuestras acciones, aceptando nuestros límites y las circunstancias que no podamos controlar, aprendiendo de las experiencias y cambiando aquello que es conveniente, para nosotros y para quienes nos rodean. En definitiva ser más adaptativos.

Estos son mis 8 consejos esenciales para liberarse de la culpa:

  1. Identifica la conducta que te produce la culpa. Pensa qué es lo que te hace sentir culpable para poder detectarlo.
  2. Acepta que los errores forman parte de la persona, son la clave del aprendizaje y del cambio, y no un signo de torpeza o fracaso.
  3. Pensa que no se puede ser perfecto en el cumplimiento de normas o creencias, sobre todo cuando tenemos la tendencia a exigirnos más de lo que podemos dar.
  4. Expresá verbalmente cómo te sentís, tu emoción ante el error cometido.
  5. Solicita el perdón por haber causado daño. No solo muestra tu responsabilidad sino también haz saber que solicitas el perdón por el daño cometido.
  6. Repara el daño. Pon en marcha conductas para hacer consciente a la persona implicada que no solo te arrepientes y pides perdón sino que también no vas a repetir el daño.
  7. Perdonate, hiciste lo mejor que creíste favorable con la consciencia que tenias en ese momento.
  8. Responsabilízate. Sustituye la culpa por la responsabilidad.

Para finalizar

La vida misma es un vaivén de situaciones. Nosotros hoy, en este mismo instante, podemos elegir cómo nos afectan las situaciones. Esto habla del paradigma que se menciona en Biodescodificación, el paradigma de la responsabilidad.

La responsabilidad nos lleva a cambiar las creencias que queremos cambiar y a aceptar aquellas que aún no hemos cambiado. Este cambio de paradigma mental es el punto clave entre vivir a merced de la vida o disfrutar de ella. Disfrutar nuestras relaciones, disfrutar lo que hacemos, disfrutar el tiempo libre, disfrutar de nuestra mente, de nuestro cuerpo y de nuestro mundo, amándonos y dando amor.

Debemos practicar la responsabilidad y el poder para transformar nuestras experiencias emocionales, ya que somos nosotros quienes elegimos nuestros pensamientos. Cuando no logramos “hacernos responsables” de lo que nos sucede, debemos ser tolerantes con nosotros mismos ya que venimos de años de creer que la vida es el resultado de nacer en un cuerpo físico y que el mundo nos está asechando. Esas creencias son un contundente motivo por el cual resulta lógico que nuestro sistema de creencias sienta rechazo por modificar drásticamente su concepción del mundo.

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Es hora de prestarte atención

Por eso, si quieres lograr con éxito los retos que te marcas, tienes que empezar por el principio. Y ese principio eres tú.

Sesiones de acompañamiento

En una sesión de Biodescodificación se aborda un conflicto en particular que trae el consultante. No es una terapia psicológica, más bien es una herramienta para tomar conciencia de las creencias ocultas que generan conflictos. De esa forma, el consultante se permite cuestionarlas y transformarlas para salir de la situación de conflicto que trajo a la consulta.